agosto 07, 2024

Amalia y los retos

Amalia siempre dijo ser una persona de retos, si bien cuando uno de ellos llegaba, temblaba y dudaba dentro de sí sobre su nivel de preparación para afrontarlos.

Casi nunca estaba lista. No era de aquellas que tienen una maleta armada con lo básico en caso de desastres naturales ni sabía de primeros auxilios. Sin embargo, ya sea por instinto de supervivencia o por pura fortuna, siempre lograba sortear de alguna forma las dificultades, por supuesto sin salir intacta.

Algunas de esas heridas de guerra eran evidentes: En uno de sus brazos, por ejemplo, cuando intentó cocinar un platillo por primera vez; en uno de sus tobillos que se doblaba (o lo intentaba) de vez en cuando en los momentos más inoportunos. 

Las heridas más profundas y significativas, por supuesto, no eran visibles para el resto (ni pensaba revelarlas por el temor que alguien quisiera hurgar en ese pasado y terminara por abrir de nuevo la cicatriz).

Sin embargo, lejos del resultado de la batalla, siempre tenía ganancias: Aprendizajes para situaciones similares que se presentaran más adelante, personas valiosas que se sumaban a su vida y sin duda, recordaba lo importante de vivir en el presente sin tratar de adelantarse a los acontecimientos. No era precisamente la persona más paciente para hacerlo, pero iba poco a poco entrenando a su mente para lograrlo.

agosto 06, 2024

Suposiciones

No suelo colocarme, conscientemente, en posiciones de vulnerabilidad. No obstante, creo que hoy lo amerita un poco porque quiero/necesito hablar hoy de esto.

Supongamos que reconozco y abrazo mis capacidades y también las cosas que aún no he aprendido a hacer (pero quiero hacer). Supongamos, porque en la vida real no es siempre así y lo más fácil ha sido siempre arrojar piedras y responder con agresiones a la persona que posee esos matices (o sea, yo).

Supongamos, por un momento, que logro creer en el libro entero de afirmaciones que tengo, que logro hacer mías esas palabras sin caer en el “positivismo tóxico” que inunda cada esquina en estos días. Sigamos suponiendo, porque siempre ha sido más fácil elegir otras palabras, no precisamente las más favorables para lograr el objetivo de vivir un poco más tranquila y menos enferma (literal y figurativamente hablando).

Supongamos, finalmente, que puedo encontrar las respuestas a los cientos de preguntas que me hago todos los días. A los cuestionamientos, a las dudas, a las inseguridades, los miedos y los remordimientos. 

Digo supongamos porque aunque son una carga muy pesada, sigo negándome a soltarlos y por ende, van conmigo donde sea que vaya y a toda hora. A veces llenan todo el espacio existente de mi mente y aunque me canse de pensarlos, siguen ahí (porque yo no los dejo ir). 

Hoy he pensado en que es mejor dejar de suponer y aceptar que están ahí para convivir con ellos. Pero me queda mucho por saber, por ejemplo: Cómo convivir con ellos sin que se conviertan en los terratenientes de esta casa.

agosto 05, 2024

Contratos

Amalia enumeró una a una las condiciones de su contrato. Si iba a arriesgarse a tomar esa tarea, debía dejar establecidos desde el inicio aquellos puntos no negociables en el proceso a seguir para lograr el objetivo planteado.

Sin tener aún muchos puntos claros, supo que lo primero que no iba a entregar era su forma de aproximarse y convencer a las personas para sumarse a su cruzada.

Esto constituía, por supuesto, limitantes a los mecanismos que podría utilizar, pero creía firmemente que era posible encontrar maneras alternas de lograrlo sin irrespetar aquella vieja creencia de que cada persona tenía una historia que contar. Y que ella, como escritora, debía prestar su palestra para que la expusieran y la contaran en los términos que ellos así lo eligieran, sumándose (si lo deseaban) al planteamiento que ella estaba por defender.

Una segunda condición que pidió se relacionaba con la confidencialidad del rol que iba a jugar. Aunque era una tarea que había decidido asumir, no concebía “quemarse” ni poner sobreaviso a sus amigos al comprometerse públicamente con ese proyecto. Sería, mas bien, partidaria de las sutilezas en esta ocasión.

No obstante, el más importante de todos sería el tercer y último apartado inamovible de su contrato no escrito: En caso de ser descubierta, negaría una y mil veces su participación en todo. Una posición cobarde, pensó, pero era el peor de los males en caso de que todo saliera a la luz. Total, por algo había conseguido ese trato entre las sombras.

agosto 04, 2024

Una toma de manos exitosa

Para lograr el objetivo, y tomando en cuenta que no se trata de un proceso mecánico pero sí de una fórmula ganadora el 99% de las veces, recuerde que:

-Debe hacer tres giros hacia su izquierda, en búsqueda de una mano que quiera tomar la suya.
-Asegúrese de tomarla con firmeza. No hay nada más atractivo que la seguridad y la confianza.
-Recorra con los dedos la totalidad de esa mano. Incluya masajes con la yema de sus dedos, apretones y conquistas completas del territorio que constituye la otra mano, desde la punta de la uña más larga hasta la muñeca en la que perciba el pulso acelerado de su compañero de equipo.
-Es bien sabido que este recorrido debe hacerse de forma aleatoria para que la sorpresa mantenga la tensión y la emoción en todo momento. 
-No suelte, por ningún motivo, la mano que detiene. Una vez se haya apoderado de ese hueco, no lo suelte jamás (a menos claro que pierda el interés en esa mano).
-Dedique miradas, escuche cuanto pueda y lea las señales que le dará aquella mano. Déjese guiar por esa mano hacia otros territorios sensoriales situados en los brazos, los hombros, el pecho, las piernas… y por ningún motivo, se quede quieto. Recuerde que la vida es eso que pasa en constante movimiento, mientras dos manos intercambian mensajes cifrados por medio del tacto.

agosto 03, 2024

Torrente

Todo era desorden e indecisión en su mente hasta que Amalia decidió abrir aquella puerta. No había forma posible de que el agua no entrase por las grietas más pequeñas, pero sí de hundirse se trataba, prefería recibir de golpe el torrente que se agolpaba en la entrada.

Una vez en medio de la corriente, la dominó primero la confusión: El sentirse desubicada, incluso observada por las personas responsables de abrir el grifo del que salía toda esa cantidad de líquido. 

Cuando aceptó esa sensación, la invadió la tristeza. Se preguntó si sería posible sobrevivir a esa corriente, aferrándose a lo que encontrara a su paso, ya que las bases de su casa crujían y no parecían un sitio precisamente seguro para confiar como potencial salvavidas.

Ya con el agua al cuello y al borde del ahogamiento, sintió que la marea comenzaba a bajar. Parecía que alguien había encontrado una especie de salida alternativa para la corriente de agua, cuyo nivel empezó a reducirse gradualmente. Notó como el agua se llevaba las pocas pertenencias que quedaban en aquel lugar, junto con algunas fotografías y papeles que daban fe de lo sucedido. Efectivamente, no había sido un sueño: Todo era real.

agosto 02, 2024

Emociones

Por las noches, es cuando más me invaden las dudas 
Las emociones furtivas, los pensamientos espontáneos 
Y es cuando más palpita mi corazón a un ritmo acelerado.

Lo sé, siempre te he dicho que soy de mañanas
Pero es en las noches cuando percibo la cercanía 
Y es cuando esas emociones hacen que mi corazón palpite más a un ritmo acelerado.

Los pensamientos y las ilusiones hacen una rueda
Me empujan al centro, al origen de estos pensamientos 
Y es cuando se sienten con mayor intensidad esas emociones que hacen que mi corazón palpite más a un ritmo acelerado.

Es una danza, a veces macabra 
Una cuestión de fortuna, una suerte de proximidad silenciosa y a distancia prudencial
Esa que, aun así, hace que escriba y sienta con mayor intensidad esas emociones que hacen que mi corazón palpite más a un ritmo acelerado
Arrinconado en un sitio del que ya no puede, no piensa escapar
Porque la persona que tiene la llave ha decidido quedarse con ella.

agosto 01, 2024

Cristalitos

Amalia suspiró al ver aquella copa hecha añicos. Pensó en el trabajo que iba a representar recoger aquellos trocitos de cristal, tan minúsculos que herían al más mínimo intento de ser retirados.

Habían sido días difíciles. Al igual que aquella copa, mucho se había quebrado/roto/descosido/destrozado dentro y fuera de ella, sin la posibilidad de regenerarse o arreglarse de alguna manera. Era casi poético como ese minúsculo accidente había acompañado perfectamente al ambiente.

Pensó en lo descuidada que había sido y se reprochó a sí misma por haber permitido que, como su copa, muchas cosas se derrumbaran por no poder controlar su carácter. Nunca había sido peculiarmente paciente y mucho menos en aquellas circunstancias que la habían llevado mucho más allá de los límites hasta entonces conocidos.

Mientras se disponía a limpiar, recordó aquel artículo que había escrito sobre el kintsugi, el arte japonés de restaurar objetos de cerámica rotos y que celebra esas fracturas en lugar de intentar ocultarlas o disimularlas. 

No sería, evidentemente, el caso de aquella copa, pero quizá aún habría forma de arreglarse a ella misma y aceptar que, todas aquellas heridas y fracturas que se quedarían para siempre, ahora eran una parte importante de ella.