julio 31, 2024

31 de julio (Casiopea)

Este día anduve escuchando mucho a Silvio Rodríguez y alguien me recordó de su canción “Casiopea”.

Como en ella, a veces me da por recordar y anhelar lugares, momentos y situaciones del pasado: A veces para cambiarlos, otras solo para volver a vivirlos por la alegría y las emociones que me generaron en aquel momento.

Lo confieso: Recordar que no se puede volver a un punto de partida me genera tristeza. Sobre todo cuando sentís que ya no sos la misma persona que atravesó esa situación y que, lo que pasó, inevitablemente te cambió (no necesariamente para “bien”). 

Como en la canción, en muchas ocasiones me he sentido como un punto ínfimo, silenciado en medio de la multitud. Y sin embargo, coincido en que no hay mejor lugar que mis adentros para aislarme del ruido y escucharme y entenderme. Y comprender que aunque cambié, también crecí de alguna forma.

Que como dice Silvio, quizá ya no sea yo cuando me encuentren. Pero que de eso, pienso, se trata vivir.

julio 30, 2024

30 de julio (transformación)

Amalia cree en el poder transformador de las palabras. Por eso decidió dedicarse a escribir y hacer de ello, un oficio, una pasión y un modo de vida.

Selecciona cada verbo y cada adjetivo de manera meticulosa. Se le da por escribir de manera espontánea, pero en secreto, siempre se relee y se corrige a sí misma, preguntándose cómo hacer un mejor uso de las palabras que conoce y que aprende a diario a través de otras personas, libros, canciones…

Las transformaciones de las que ha sido testigo han sido las que han ocurrido en ella misma. Ha pasado de buscar rimas perfectas y frases hechas a respetar lo que su inspiración le dicta en ese momento, pues ha descubierto que la belleza, muchas veces, inicia a través de la autenticidad y el respeto a sus ideas, por extrañas que parezcan.

Escribir también le ha permitido sanar, reconstruir y (de nuevo) transformar personas y relaciones que creía perdidas. Se ha percatado de que, a través de sus líneas, es posible construir muchos finales alternativos al despeñadero que, en la vida real, llevó a esa relación a un presunto final.

Ahora mismo y siempre, Amalia está transformándose. A veces piensa que ha salido de la última de sus capas, pero es entonces cuando aparecen nuevos matices, nuevos aprendizajes y muchas más palabras esperando ser utilizadas. Y empieza, nuevamente, a autodescubrirse.

julio 29, 2024

29 de julio (una invitación)

Extiendo una invitación de carácter exclusivo a:
  • Encontrarle forma a las nubes
  • Ver atardeceres al aire libre
  • Intercambiar historias
  • Caminar descalza sobre el pasto
  • Abrazar un árbol
  • Contar hormiguitas por media hora
  • Hablar de cosas favoritas 
  • Hacer una siesta larga
  • Acariciar perritos 
  • Caminar sin ver el reloj
  • Tomarse un café sin ver el teléfono 
  • Acostarse en el suelo
  • Cantar sin necesidad de hacerlo correctamente
  • Atacarme de risas hasta que me duela la panza 
  • Armar un rompecabezas
  • Soñar
  • Darse las manos
  • Dedicarse sonrisas, abrazos, música y tiempo (sobre todo, tiempo)
Y al finalizar, repetir todo de nuevo.

julio 28, 2024

28 de julio (sensorial)

Amalia siempre fue una persona sensorial. Necesitaba en muchos casos una comprobación de sus cinco sentidos para aceptar las verdades que el resto daba por válidas con solo recibirlas, sin procesar ni poner a prueba el método científico tan estudiado durante la formación escolar básica.

Lo anterior, por supuesto, planteaba retos importantes en términos de manejar la intensidad y la frecuencia de diversas emociones que se reportaban al mismo tiempo en su puerta, esperando un visto bueno para salir al mundo y gritar su aparición a todos los presentes.

Esta ocasión no era la excepción. Deseaba iniciar con una comprobación visual, recorriendo cada curva y cada mínima facción de aquel rostro que le intrigaba y veía de reojo de vez en cuando (cada vez, con menos disimulo).

Luego, pensó, cedería el paso a su olfato. Sería un reto, sin duda, por la mezcla de los olores que le despertaban recuerdos precisos y una atracción natural, al mejor estilo de otras especies menos evolucionadas.

Junto a ello, decía, tendría que entrar el oído en acción, aunque en realidad había estado activo todo el tiempo vía palabras, frases, poemas, canciones, libros, timbres de voz, tarareos, inflexiones… silencios.

El gusto y el tacto, entonces, irrumpirían en paralelo en los pómulos, la frente, los labios, el cuello, las manos… mientras el resto de sentidos se activaban en armonía, dejando una desconocida pero agradable sensación que la sonrojaba e iniciando el ciclo nuevamente hasta que amaneciera en la ciudad. De todos modos, esa noche no importaba dormir.

julio 27, 2024

27 de julio (una palabra)

Amalia sorbió el latte mientras observaba a la gente pasar afuera del café en el que intentaba escribir algo digno de describir aquello que pasaba por su mente una y otra vez.

Sabía que era normal sentirse corta de palabras cuando el silencio era el que había primado entonces, invadido solo por algunos sonidos involuntarios y del ambiente que le rodeaba. Aquel había sido un buen día para salir a tomar el aire y…

En cada sorbo, cerraba los ojos como buscando claridad de cuál fue el detonante para ese momento de clímax que creyó imaginar o soñar, hasta haberse vuelto una realidad tangible, una memoria eterna: Un acontecimiento en toda la extensión del término.

Hacía mucho que no sentía esa paz, ese nivel de relajación y de quietud de su espíritu después de haber atravesado y sobrevivido a un temporal. Recordó aquella frase que incluye a un marinero experto y a un mar en calma, y se dijo a sí misma que, sin duda alguna, estaba especializándose en esconder bien las palabras para no asistir a un espectáculo indeseado en el que ella sería la protagonista y el público al mismo tiempo.

Se recostó en su silla y decidió cerrar su cuaderno. Ya habría más tiempo para describir lo ocurrido y elegir si repetía y se quedaba en ese momento, o si bien guardaba todo en una caja que debía mantenerse cerrada para preservar siempre la frescura y lo dulce de…

julio 26, 2024

26 de julio (un depende)

Hoy seré breve para decir que:

-El 99% de mis respuestas en la vida van a ser “depende”. No por indecisa, es que dependo mucho del contexto porque #periodista.

-Que muchas veces no quiero decir “depende”, pero me sale de manera natural. Aún no logro salir del famoso piloto automático.

-Que últimamente, estoy cambiando. Quiero decir siempre que “sí”. 

-Que aunque esté cambiando, sigo siendo yo en esencia: Temiendo los efectos de mi respuesta (tipo Pablo Milanés y su “temo mucho a la respuesta de un jamás”).

julio 25, 2024

25 de julio (origen)

Como mente inquieta y curiosa, Amalia siempre estuvo interesada en descubrir el origen de los sucesos y de las personas que entraban a su vida. Creía que, conociendo las raíces, era más fácil entender el por qué de su desarrollo y estatus actual, e incluso, empatizar con ellos.

Era acuciosa para descubrirlo, llegando a ser invasiva (sin malas intenciones, por supuesto) en un ciclo permanente: Preguntar, procesar, comprender y volver a preguntar.

A veces, su lógica se interponía en el camino. Su padre le había enseñado que el sentido común era el menos común de los sentidos, y efectivamente, en muchas ocasiones fue testigo de cómo muchas personas actuaban por inercia, tropezando muchas veces con la misma dificultad y esperando un resultado diferente al seguir el mismo proceso (una locura, según aquella famosa definición de dicho término).

No obstante, era consciente que los inicios y los finales influían mucho en las personas, por lo que buscaba guiar de un extremo a otro a las personas mientras le contaban el principio, nudo y desenlace de la situación. Sentía un extraño placer al acabarse las historias, como si hubiese conquistado un nuevo planeta o descubierto la cura de un mal que afectase a todo el mundo.

Sabía que, en el fondo, descubrir esas historias le permitía entenderse a sí misma y sus orígenes, pues aquellos a los que guiaba eran en realidad extensiones de ella misma, traídos a su vida no por arte de magia, sino por genuina ley de atracción.