Lunes por la mañana. Los estudiantes bajan de diferentes unidades de transporte rumbo a la universidad.
Al ser parte del grupo, es difícil distinguir clase social, estatus, religión... o la carrera universitaria que cursa... Al menos eso pensé hasta que hoy, un ex compañero de educación básica me reconoció y comenzó una plática que comenzó con su vista en mi cabeza y culminó cuando terminó de examinar cada parte de mi indumentaria de este día.
"Seguro vos sos humanista", me dijo de forma tajante, y continuó. "Se nota por cómo andas vestida, bien relax"...
Ehhhh???
Si, y sé que vivimos en un mundo donde el abogado no puede decirse Abogado con mayúscula si no viste su saco y corbata a juego con una camisa manga larga de un solo fondo (porque o sea hello!!), dónde los estudiantes de artes, se jactan del vestir más bohemio, y los de ingeniería no pueden dejar los tenis y los lentes en casa. Y ahora también, donde los estudiantes de carreras relacionadas con Ciencias y Humanidades nos vestimos relax.
Créame, no tengo nada contra la moda y sus caprichosos giros del fucsia al nude... El mundo está dividido por colores, tallas y estilos y todos deberíamos saber expresarnos con el color que más nos parezca, sin que eso implique que "me conocen de toda la vida por como me visto" o que sepan que soy una periodista en formación que tiene un blog y que casualmente se vio atraída por una frase tan sincera y tan certera al mismo tiempo.
Al fin y al cabo, el mundo es una paleta de colores, un círculo cromático bordeado por un azul cielo precioso, y unos amaneceres naranja bajo los cuales caminan cientos de personitas coloridas, coloricas y coloradas (especialmente con eso del "tópense que va vacío"). Todas tan diferentes como las tonalidades de colores.
Aún así, el negro no hace al responsable, ni el rojo al individuo pícaro... Vistase sí, de acuerdo a la ocasión, pero digo, disfrute de las emociones tan variadas como la cantidad de colores en existencia. Y no encasille por colores, eso solo lo hacen algunos en sus cajones de calzoncillos (así como en las series de TV... WTF!!!!??)
PD: Espero no herir susceptibilidades. Si usted ordena ropa por colores, le felicito. Es usted más organizado que muchos de nosotros XD
noviembre 21, 2011
noviembre 05, 2011
Mi bicentenario
NOTA: Si no le gusta el sarcasmo o la ironía, mejor no lea la entrada...
Dos veces cien, ocho por veinticinco, 199+1... Pero no, decidieron zamparle "Bicentenario"... es que sonaba más elegante para esa celebración magna y para los anuncios de la tele.
La fiesta se decidió igual de elegante: Champagne, o vino por aquello de lo "incluyente"; conciertos con magníficos intérpretes de alta calidad vocal, luces de colores y música que deleitaría al selecto público, mientras una cuadra antes suena todos los días, una tal "chica 3D".
Ese era el plato fuerte de la noche. "Pero antes, digamos a las 6 de la mañana, podemos comenzar con 200 cañonazos", dijo un funcionario. "¿Doscientos cañonazos?", le cuestionaron en tono de incredulidad.
El funcionario reflexionó.. Aún con la falta de cañones, ya verían con que resolverían... Total, en el país se produce y se dispara tanta bala al día y nadie dice nada... que van a ser 200 cañonazos??
La gente podría ir a los lugares donde surgen las raíces de la celebración. Una restauradita a la iglesia, el campanario idéntico al que dibujan en los libros, un calvo en proceso que se vista de Matías Delgado y claro, los bocadillos para los medios después del acto. Es más, podemos regalar pedacitos de la piedra que constituía parte de la iglesia antes de restaurarla... Quién sabe si son originales, pero pueden tener valor.
Y el bicentenario a mí me supo a desayuno normal. A un viaje a Suchitoto, pasando cerca de la tal La Bermuda, a observar que en las calles, la vida seguía como el día pre y probablemente, el día post Bicentenario. Dónde las mujeres no visten corsé, ni los hombres son carismáticos presentadores bañados en "Don Pablo", donde huele a verduras, frutas y otros insumos hogareños; se pasa del olor a pollo del almuerzo, a las pupusas con curtido y salsa, y en el pueblo que se diga pueblo, tiene que haber olor a "kakevaca" (Copyleft de Patricia Menjívar y terminología de Salarrué).
Ahh pero no podía faltar el marketing bicentenario, donde se asegura de vender su producto con solo ponerle "bicentenario" al inicio, en medio o al final. Incluso se volvió un motivo para saludar a los demás en su día con un "Feliz Bicentenario" (WTF???)
Bicentenario, vicentenario (así lo ví en una pared), bicentenario... Doscientos años.. de qué??
El patriotismo edición bicentenario expira el 6 de noviembre a las 12:01 am. Para algunos ni siquiera existió hoy, porque repetir la palabrita mil veces no les iba a dejar comida en la mesa, tenían que salir a trabajar.
Para los mortales que no estamos en la cuadra más Bicentenaria del día (sí, la del Palacio), queremos entender la trascendencia del hecho histórico. Perdóneme hasta el más letrado de los historiadores, pero a estas alturas de la vida, recordar que hace 200 años comenzó un proceso inacabado, suena a nada. Sí, sí, yo sé lo de la historia, la memoria, que no sabemos para dónde vamos.. es una ignorancia encerrada en un círculo más grande que nos engulle y se llama realidad.
Está bien, recordemos lo que pasó, que celebren las señoritas vestidas de corsé y que sigan emitiendo decretos de felicitación en la Asamblea, como dulces que avienta la Reina de las Fiestas. Que sigan los cantantes rindiendo homenaje a la nación, con un fondo de luces de colores que representan la esperanza de un pueblo (con el permiso de los señores del ex- logo del pollito).
Pero dénse cuenta que al menos, para esta ciudadana, mi mejor lectura de la historia es saber que ya hice y que fui. Y que al entrar a casa, me doy cuenta que aún tengo cosas que hacer y que mejorar. Así como dicen de esos señores bicentenarios... con la excepción que no toqué una campana y no busco la independencia. Quizá en primera instancia, y como el resto de compatriotas, busco sobrevivir.
Dos veces cien, ocho por veinticinco, 199+1... Pero no, decidieron zamparle "Bicentenario"... es que sonaba más elegante para esa celebración magna y para los anuncios de la tele.
La fiesta se decidió igual de elegante: Champagne, o vino por aquello de lo "incluyente"; conciertos con magníficos intérpretes de alta calidad vocal, luces de colores y música que deleitaría al selecto público, mientras una cuadra antes suena todos los días, una tal "chica 3D".
Ese era el plato fuerte de la noche. "Pero antes, digamos a las 6 de la mañana, podemos comenzar con 200 cañonazos", dijo un funcionario. "¿Doscientos cañonazos?", le cuestionaron en tono de incredulidad.
El funcionario reflexionó.. Aún con la falta de cañones, ya verían con que resolverían... Total, en el país se produce y se dispara tanta bala al día y nadie dice nada... que van a ser 200 cañonazos??
La gente podría ir a los lugares donde surgen las raíces de la celebración. Una restauradita a la iglesia, el campanario idéntico al que dibujan en los libros, un calvo en proceso que se vista de Matías Delgado y claro, los bocadillos para los medios después del acto. Es más, podemos regalar pedacitos de la piedra que constituía parte de la iglesia antes de restaurarla... Quién sabe si son originales, pero pueden tener valor.
Y el bicentenario a mí me supo a desayuno normal. A un viaje a Suchitoto, pasando cerca de la tal La Bermuda, a observar que en las calles, la vida seguía como el día pre y probablemente, el día post Bicentenario. Dónde las mujeres no visten corsé, ni los hombres son carismáticos presentadores bañados en "Don Pablo", donde huele a verduras, frutas y otros insumos hogareños; se pasa del olor a pollo del almuerzo, a las pupusas con curtido y salsa, y en el pueblo que se diga pueblo, tiene que haber olor a "kakevaca" (Copyleft de Patricia Menjívar y terminología de Salarrué).
Ahh pero no podía faltar el marketing bicentenario, donde se asegura de vender su producto con solo ponerle "bicentenario" al inicio, en medio o al final. Incluso se volvió un motivo para saludar a los demás en su día con un "Feliz Bicentenario" (WTF???)
Bicentenario, vicentenario (así lo ví en una pared), bicentenario... Doscientos años.. de qué??
El patriotismo edición bicentenario expira el 6 de noviembre a las 12:01 am. Para algunos ni siquiera existió hoy, porque repetir la palabrita mil veces no les iba a dejar comida en la mesa, tenían que salir a trabajar.
Para los mortales que no estamos en la cuadra más Bicentenaria del día (sí, la del Palacio), queremos entender la trascendencia del hecho histórico. Perdóneme hasta el más letrado de los historiadores, pero a estas alturas de la vida, recordar que hace 200 años comenzó un proceso inacabado, suena a nada. Sí, sí, yo sé lo de la historia, la memoria, que no sabemos para dónde vamos.. es una ignorancia encerrada en un círculo más grande que nos engulle y se llama realidad.
Está bien, recordemos lo que pasó, que celebren las señoritas vestidas de corsé y que sigan emitiendo decretos de felicitación en la Asamblea, como dulces que avienta la Reina de las Fiestas. Que sigan los cantantes rindiendo homenaje a la nación, con un fondo de luces de colores que representan la esperanza de un pueblo (con el permiso de los señores del ex- logo del pollito).
Pero dénse cuenta que al menos, para esta ciudadana, mi mejor lectura de la historia es saber que ya hice y que fui. Y que al entrar a casa, me doy cuenta que aún tengo cosas que hacer y que mejorar. Así como dicen de esos señores bicentenarios... con la excepción que no toqué una campana y no busco la independencia. Quizá en primera instancia, y como el resto de compatriotas, busco sobrevivir.
octubre 16, 2011
Estamos en esa época
Después de un período sabatino de su blog, regresamos con un tema de esos neurálgicos, incómodos y "de temporada"... Lastimosamente
Esta es una deuda pendiente desde hace más de un año, y que por distintos motivos, no habíamos podido saldar junto a mis compañeros de equipo de la cátedra de Documentación Periodística.
Es el resultado de la colaboración de muchas personas, de la negación de otras y el testimonio de quiénes día a día, conviven con el Lempa... Y que, lastimosamente, solo son recordados en esta temporada del año.
Probablemente, sean el reflejo de lo que sufren muchas zonas anegadas en estos momentos, con la diferencia de que esta zona, tradicionalmente afectada, es una verdadera bomba de tiempo. El impacto de la naturaleza es tal, que es necesario, urgente a las de YA, reubicar a estas personas, antes que algo peor pueda suceder.
Los problemas son múltiples: No es solo la inundación por el aumento del cauce del río, también sufren las consecuencias de sembradíos de azúcar en la zona cuyas malas prácticas se han cobrado víctimas, con la indiferencia de las autoridades... Y quizá, la costumbre a este modo de vida que les hace renuentes a abandonar este espacio que consideran suyo.
En el reporte que les presentamos, hace falta mucha información de la que fue recolectada... Hubo muchos más testimonios que por la falta de espacio en ese entonces, no se incluyeron y que personalmente, me prometo canalizar dentro de poco, para saldar esa deuda con la voz de quienes nos ayudaron no solo a cumplir con nuestro compromiso académico, sino a entender parte de esta realidad que coexiste con nosotros y que está 365 días, pero que lastimosamente, no recibe la atención merecida.
Hace falta entender que la prevención es mejor que cualquier otra medida en este país de alta vulnerabilidad. Aquí les dejo el enlace:
La realidad del Bajo Lempa en El Salvador:
https://docs.google.com/document/d/1tEObXiTplJPuOUvIzHH9ieIJRX2LRg3io7tFb8FhYsk/edit?hl=es&pli=1
PD: Agradezco grandemente a todas las personas que nos ayudaron y a mis compañeros Carlos Hernández, Patricia Menjívar y Rosemary Funes con quienes compartimos este proceso en el 2010
Esta es una deuda pendiente desde hace más de un año, y que por distintos motivos, no habíamos podido saldar junto a mis compañeros de equipo de la cátedra de Documentación Periodística.
Es el resultado de la colaboración de muchas personas, de la negación de otras y el testimonio de quiénes día a día, conviven con el Lempa... Y que, lastimosamente, solo son recordados en esta temporada del año.
Probablemente, sean el reflejo de lo que sufren muchas zonas anegadas en estos momentos, con la diferencia de que esta zona, tradicionalmente afectada, es una verdadera bomba de tiempo. El impacto de la naturaleza es tal, que es necesario, urgente a las de YA, reubicar a estas personas, antes que algo peor pueda suceder.
Los problemas son múltiples: No es solo la inundación por el aumento del cauce del río, también sufren las consecuencias de sembradíos de azúcar en la zona cuyas malas prácticas se han cobrado víctimas, con la indiferencia de las autoridades... Y quizá, la costumbre a este modo de vida que les hace renuentes a abandonar este espacio que consideran suyo.
En el reporte que les presentamos, hace falta mucha información de la que fue recolectada... Hubo muchos más testimonios que por la falta de espacio en ese entonces, no se incluyeron y que personalmente, me prometo canalizar dentro de poco, para saldar esa deuda con la voz de quienes nos ayudaron no solo a cumplir con nuestro compromiso académico, sino a entender parte de esta realidad que coexiste con nosotros y que está 365 días, pero que lastimosamente, no recibe la atención merecida.
Hace falta entender que la prevención es mejor que cualquier otra medida en este país de alta vulnerabilidad. Aquí les dejo el enlace:
La realidad del Bajo Lempa en El Salvador:
https://docs.google.com/document/d/1tEObXiTplJPuOUvIzHH9ieIJRX2LRg3io7tFb8FhYsk/edit?hl=es&pli=1
PD: Agradezco grandemente a todas las personas que nos ayudaron y a mis compañeros Carlos Hernández, Patricia Menjívar y Rosemary Funes con quienes compartimos este proceso en el 2010
julio 23, 2011
El estrés del sistema educativo (Parte 1)
Buen día, mis queridos lectores. Esta entrada la venía pensando desde hace mucho tiempo y por fin, encontré ese punto de inflexión en mí que me permitió animarme a compartirles esta historia.
Permitame añadirle algunos datos antes de iniciar el post. Es algo así como una regresión necesaria para que me ubique a pensar como lo he hecho todo el tiempo sobre algo tan complejo como el sistema educativo y las facetas que uno conoce:
1) Mi recuerdo más lejano se remonta a los dos años, cuando me vistieron de gala. Mi mami se graduaba del profesorado, y algunos años después, de Licenciada en Idioma Inglés. Hoy por hoy es una educadora del sistema público, en uno de esos poblados que conservan mucha tradición, mezclada con la actual fragilidad de la tranquilidad colectiva, en cuanto a violencia se refiere. Mi abuela también fue profesora, una normalista que vivió quizá una mejor época que el presente.
2) Estudié toda la educación básica en una escuela parroquial, enseñanza muy útil, buenos profesores y estricto cuidado (más o menos, digamos); el bachillerato en un colegio manejado por religiosas franciscanas (no, jamás me dieron con el lazo de San Francisco), muy buen recuerdo y también buena educación y estricta disciplina. Finalmente, estoy a prueba en la mal querida muchas veces, Universidad de El Salvador (con mucho orgullo, por cierto).
3) En lo que a educación recibida respecta, por lo general me considero afortunada, no tuve mayores inconvenientes con profesores, ni con mis compañeros. Jugábamos y pensábamos que la escuela era de lo mejor... me atrevo a decir que no quería salir de ella, a excepción de las temporadas de evaluación.
Ahora bien, se preguntará qué tiene todo ésto que ver con el título de la entrada. Fácil, no es para la mayoría de personas, ajena la situación que vive nuestro país, y por lo mismo, nuestro sistema educativo en todo sentido.
No pienso lanzar adivinaciones para descubrir el pecado original del mismo. Mucho menos plantearle algo de lo que no sé. Le hablo desde mi experiencia y la de mi familia, obviamente tan cercana a mí. De sus desahogos a veces cotidianos, de las historias segmentadas que hemos apreciado desde el lente del "afortunado espectador" que no ha vivido en carne propia, los verdaderos alcances de la situación.
Más allá de los esfuerzos que los medios han tenido a bien presentarle, y de los informes tan elaborados de la administración pública, están todos estos niños a quienes he escuchado mencionar en mi casa, en distintas situaciones e historias a cual más sorprendente para mí, que siento respirar en una burbuja de recuerdos bonitos de mi época como escolar.
En la próxima entrada, hablaré de esto, a lo que no le encuentro más nombre que estrés. Problema generalizado en nuestra sociedad acelerada por mil y un motivos y detonante de tanta irracionalidad a la máxima expresión. La pérdida de algo tan importante como la consciencia y el sentimiento de empatía que tanto cuesta y que tanto facilitaría cuestiones tan "sencillas" como el tráfico vehicular (véanse las comillas por favor).
Y sabe, creo que el estrés colectivo es tremendo. Le dejo planteada una pregunta, ¿Qué detona a qué? ¿¿El miedo, la incertidumbre y la acumulación de experiencias negativas al estrés, o viceversa??
Saludos y gracias por su visita =)
Permitame añadirle algunos datos antes de iniciar el post. Es algo así como una regresión necesaria para que me ubique a pensar como lo he hecho todo el tiempo sobre algo tan complejo como el sistema educativo y las facetas que uno conoce:
1) Mi recuerdo más lejano se remonta a los dos años, cuando me vistieron de gala. Mi mami se graduaba del profesorado, y algunos años después, de Licenciada en Idioma Inglés. Hoy por hoy es una educadora del sistema público, en uno de esos poblados que conservan mucha tradición, mezclada con la actual fragilidad de la tranquilidad colectiva, en cuanto a violencia se refiere. Mi abuela también fue profesora, una normalista que vivió quizá una mejor época que el presente.
2) Estudié toda la educación básica en una escuela parroquial, enseñanza muy útil, buenos profesores y estricto cuidado (más o menos, digamos); el bachillerato en un colegio manejado por religiosas franciscanas (no, jamás me dieron con el lazo de San Francisco), muy buen recuerdo y también buena educación y estricta disciplina. Finalmente, estoy a prueba en la mal querida muchas veces, Universidad de El Salvador (con mucho orgullo, por cierto).
3) En lo que a educación recibida respecta, por lo general me considero afortunada, no tuve mayores inconvenientes con profesores, ni con mis compañeros. Jugábamos y pensábamos que la escuela era de lo mejor... me atrevo a decir que no quería salir de ella, a excepción de las temporadas de evaluación.
Ahora bien, se preguntará qué tiene todo ésto que ver con el título de la entrada. Fácil, no es para la mayoría de personas, ajena la situación que vive nuestro país, y por lo mismo, nuestro sistema educativo en todo sentido.
No pienso lanzar adivinaciones para descubrir el pecado original del mismo. Mucho menos plantearle algo de lo que no sé. Le hablo desde mi experiencia y la de mi familia, obviamente tan cercana a mí. De sus desahogos a veces cotidianos, de las historias segmentadas que hemos apreciado desde el lente del "afortunado espectador" que no ha vivido en carne propia, los verdaderos alcances de la situación.
Más allá de los esfuerzos que los medios han tenido a bien presentarle, y de los informes tan elaborados de la administración pública, están todos estos niños a quienes he escuchado mencionar en mi casa, en distintas situaciones e historias a cual más sorprendente para mí, que siento respirar en una burbuja de recuerdos bonitos de mi época como escolar.
En la próxima entrada, hablaré de esto, a lo que no le encuentro más nombre que estrés. Problema generalizado en nuestra sociedad acelerada por mil y un motivos y detonante de tanta irracionalidad a la máxima expresión. La pérdida de algo tan importante como la consciencia y el sentimiento de empatía que tanto cuesta y que tanto facilitaría cuestiones tan "sencillas" como el tráfico vehicular (véanse las comillas por favor).
Y sabe, creo que el estrés colectivo es tremendo. Le dejo planteada una pregunta, ¿Qué detona a qué? ¿¿El miedo, la incertidumbre y la acumulación de experiencias negativas al estrés, o viceversa??
Saludos y gracias por su visita =)
julio 20, 2011
Reinventarse

No, no tanto así...
Me refiero a un cambio más sustancial, de esos a los que le huímos generalmente.
Sabe, hace unos días reflexionaba sobre la importancia de tener un poquito de tiempo y espacio para uno mismo, y ubicarse en su situación actual. Esto implica darse cuenta de los errores cotidianos que se nos van acumulando en medio de los problemas y la búsqueda de soluciones. Y al darse cuenta, no sé si ya le habrá pasado, se pregunta por qué continúa en esa situación.
A mí me pasó. Y también pasé por eso de la negación, la rabia y la aceptación de que efectivamente, la regué en algunas cosas.
Lo bueno es que tenemos esa oportunidad de reivindicarnos para con nosotros mismos e intentar hacerlo con esas personas que nos llevamos de paso, consciente o inconscientemente. También volver la vista hacia esos tramos oscuros, círculos incompletos y enojos permanentes que tenemos acumulados, intentar cerrarlos de una vez por todas para desocupar espacio en nuestra mente.
Cada quien tendrá su método para reinventarse. Unos lo pasan como operación quirúrgica, otros como un cambio absoluto de lo que son realmente, a una personalidad que no es la propia y yo, lo considero como un reajuste de engranajes, de un intento por mejorar en lo que hace falta y de vivir de una manera más light (ya que está de moda y es mejor).
Si usted en algún momento de la vida piensa reinventarse, piénselo dos veces. ¿Lo necesita?, ¿cómo lo hará?, ¿Por qué lo hará?
Al final, no olvide jamás ser usted mismo, creo que es la mejor manera en que puede hacer las cosas. Y si necesita un pequeño reajuste en un aspecto de la vida, hágalo, no le tenga miedo a los cambios (y conste, no lo tome desde el contexto electorero, sino huirá despavorido al pensar en hacer otro "cambio").PD: Espero retomar las entradas más constantes. No obstante si son segmentadas, al menos tenga la certeza que las escribo en modo humano, y no robot, como por costumbre u obligación. ¡Gracias!
junio 27, 2011
Crónica de la histeria colectiva
*La autora entra en un lapsus, advirtiendo que lo siguiente es solo una manera de ver los hechos de esta mañana*
Los alumnos respiraban tranquilidad y café con pan; mientras, quienes tenían mayor suerte, degustaban desayunos completos.
Algunos leían y otros charlaban o bromeaban, todo parecía normal. La autora leía acerca de la ruptura en la normalidad para que algo se convierta en un hecho noticioso, y precisamente íbamos a vivir el mejor ejemplo de una normalidad perdida.
De repente, me ví perdida, corriendo en medio de una multitud que también corría desorientada, huyendo de quién sabe qué. Los alumnos se doblaban y gritaban, algunos con los oídos tapados, otros con las bandejas de comida en vaivén armonioso con sus manos agitadas. El hambre no perdonaría.
Atrás quedó el interés por el dinero y el amor de sus congéneres; los novios corrieron más rápido que "sus princesas", pues importaba más salvar su vida. Es simple, el instinto de supervivencia se apoderó de la generalidad ante una amenaza desconocida en un primer momento.
Quienes cargaban sus alimentos parecieron tener que tomar la decisión de la comida o la vida... Y la suciedad posterior a la fallida alarma, daba fe de la elección de estos individuos (ésto, sumado al hecho de que, los últimos de las filas disgregadas sufrieron el impacto de comida y bebida, con suerte, en sus rostros).
Volaron tamales, chocolates, café y pan. Además de los gritos incomprensibles de la mayoría que se apuñaba y escapaba a aplastarse por el interés de ser el primero en salir.
Las encargadas del lugar no se quedaron atrás, y en palabras de un compañero, cual pingüinos en pleno Polo Norte, se aventaron de su acostumbrado puesto atrás de las vitrinas de comida, en busca de una salida ante lo inesperado: Un tambo de gas amenazaba a los presentes al tomar fuego.
Y aunque al final nada sucedió, fueron testigos dolorosos las varias carteras abandonadas en las mesas, las bebidas arrojadas al suelo, un plato quebrado, víctima de traumatismos por los cientos de pies que se activaron en la alarma, una bandeja con los restos de un desayuno.... Se lograba distinguir un huevo con ejotes desfigurado y moldeado a la medida de dos posaderas que recorrieron su ser, además de un tamal utilizado al parecer, como patineta por un desafortunado estudiante que resbaló en su desesperación.
La adrenalina alcanzó niveles distintos en cada persona. Algunos creían estar en Olimpia, en la vuelta definitiva de la carrera por el gran premio, de manera tal que a fuerza de sus brazos agitados en manera abrupta y pura voluntad en el caso de otros (véase Carlos Hernández) lograron escapar de las invisibles llamas y la silenciosa explosión que cortó la tranquilidad por algunos minutos.
Y mientras la comida voladora era observada por los curiosos y los supervivientes, nos sobrevivió la risa al recordar los gritos, la corrida, los minutos posteriores al incidente. Era un buen momento para reflexionar en cómo los comportamientos se generalizan y el pánico se hace un bien público. Y también para recoger lo olvidado, o comentar lo sucedido, porque total, solo fue el susto.
PD: También vimos la urgente necesidad que nos capaciten para saber actuar en estos casos, la necesidad de un buen extintor y bandejas con cinturones de seguridad para la comida (digo, porque esos desayunos arrojados al suelo fueron un desperdicio).
*Sale del trance*
Los alumnos respiraban tranquilidad y café con pan; mientras, quienes tenían mayor suerte, degustaban desayunos completos.
Algunos leían y otros charlaban o bromeaban, todo parecía normal. La autora leía acerca de la ruptura en la normalidad para que algo se convierta en un hecho noticioso, y precisamente íbamos a vivir el mejor ejemplo de una normalidad perdida.
De repente, me ví perdida, corriendo en medio de una multitud que también corría desorientada, huyendo de quién sabe qué. Los alumnos se doblaban y gritaban, algunos con los oídos tapados, otros con las bandejas de comida en vaivén armonioso con sus manos agitadas. El hambre no perdonaría.
Atrás quedó el interés por el dinero y el amor de sus congéneres; los novios corrieron más rápido que "sus princesas", pues importaba más salvar su vida. Es simple, el instinto de supervivencia se apoderó de la generalidad ante una amenaza desconocida en un primer momento.
Quienes cargaban sus alimentos parecieron tener que tomar la decisión de la comida o la vida... Y la suciedad posterior a la fallida alarma, daba fe de la elección de estos individuos (ésto, sumado al hecho de que, los últimos de las filas disgregadas sufrieron el impacto de comida y bebida, con suerte, en sus rostros).
Volaron tamales, chocolates, café y pan. Además de los gritos incomprensibles de la mayoría que se apuñaba y escapaba a aplastarse por el interés de ser el primero en salir.
Las encargadas del lugar no se quedaron atrás, y en palabras de un compañero, cual pingüinos en pleno Polo Norte, se aventaron de su acostumbrado puesto atrás de las vitrinas de comida, en busca de una salida ante lo inesperado: Un tambo de gas amenazaba a los presentes al tomar fuego.
Y aunque al final nada sucedió, fueron testigos dolorosos las varias carteras abandonadas en las mesas, las bebidas arrojadas al suelo, un plato quebrado, víctima de traumatismos por los cientos de pies que se activaron en la alarma, una bandeja con los restos de un desayuno.... Se lograba distinguir un huevo con ejotes desfigurado y moldeado a la medida de dos posaderas que recorrieron su ser, además de un tamal utilizado al parecer, como patineta por un desafortunado estudiante que resbaló en su desesperación.
La adrenalina alcanzó niveles distintos en cada persona. Algunos creían estar en Olimpia, en la vuelta definitiva de la carrera por el gran premio, de manera tal que a fuerza de sus brazos agitados en manera abrupta y pura voluntad en el caso de otros (véase Carlos Hernández) lograron escapar de las invisibles llamas y la silenciosa explosión que cortó la tranquilidad por algunos minutos.
Y mientras la comida voladora era observada por los curiosos y los supervivientes, nos sobrevivió la risa al recordar los gritos, la corrida, los minutos posteriores al incidente. Era un buen momento para reflexionar en cómo los comportamientos se generalizan y el pánico se hace un bien público. Y también para recoger lo olvidado, o comentar lo sucedido, porque total, solo fue el susto.
PD: También vimos la urgente necesidad que nos capaciten para saber actuar en estos casos, la necesidad de un buen extintor y bandejas con cinturones de seguridad para la comida (digo, porque esos desayunos arrojados al suelo fueron un desperdicio).
*Sale del trance*
junio 19, 2011
Mini historias (1.0)
Bajando de intensidad, retornando a las cenizas de lo que quedó aquel día como prueba del amor que sentía Amalia.
Amalia nunca había sido la preferida, ni siquiera la opción situada después del último asiento. Y sin embargo, fue la primera en tener acceso a su corazón.
Él, lo creía un corazón con paso cerrado, estructuras caídas al punto de amenazar y cortar el tránsito por los senderos más limpios de su alma. Esos espacios donde el odio, el ego y la desolación aún no habían llegado, por lo que se mantenía de un tono café claro, emulando a la claridad de su mirada.
Pero Amalia, se propuso llegar adonde ninguna otra había intentado llegar. Su impulso sería esa ternura inmensa que le había irradiado desde la primera vez que se encontraron, por casualidad, sentados esperando que llegara lo mismo. Hasta que decidieron no esperar más por algo que no iba a llegar sin que ellos fueran tras dicho sueño.
Y cuando lo encontraron, al final de tanta búsqueda, el resultado fue bizarro y un tanto esperado por los acontecimientos que ya habían sucedido a lo largo de ese año y meses: Él, sorprendido hasta en lo más profundo de sí, por encontrar en Amalia lo que buscaba sin saber y que luego, se le hizo tan necesario como respirar y asistir puntualmente a su lugar de encuentro.
Y Amalia, saltando desde su acostumbrado lugar en lo más recóndito del alma, hacia la apertura de un espacio libre de odio, de ego y de la desolación que era característica del otro. Abriéndose paso entre las posibilidades por el simple hecho de ser quien era, sin más explicación.
Nunca supieron que tenían, o de lo que carecían. Simplemente se dedicaron a soñar y a vivir ese sueño por el que tanto habían luchado. En sus lugares solo quedaron las hojarascas de aquel atardecer, cuando por fin, sus almas resonaron al unísono*
*Soul Eater... #UGC
Amalia nunca había sido la preferida, ni siquiera la opción situada después del último asiento. Y sin embargo, fue la primera en tener acceso a su corazón.
Él, lo creía un corazón con paso cerrado, estructuras caídas al punto de amenazar y cortar el tránsito por los senderos más limpios de su alma. Esos espacios donde el odio, el ego y la desolación aún no habían llegado, por lo que se mantenía de un tono café claro, emulando a la claridad de su mirada.
Pero Amalia, se propuso llegar adonde ninguna otra había intentado llegar. Su impulso sería esa ternura inmensa que le había irradiado desde la primera vez que se encontraron, por casualidad, sentados esperando que llegara lo mismo. Hasta que decidieron no esperar más por algo que no iba a llegar sin que ellos fueran tras dicho sueño.
Y cuando lo encontraron, al final de tanta búsqueda, el resultado fue bizarro y un tanto esperado por los acontecimientos que ya habían sucedido a lo largo de ese año y meses: Él, sorprendido hasta en lo más profundo de sí, por encontrar en Amalia lo que buscaba sin saber y que luego, se le hizo tan necesario como respirar y asistir puntualmente a su lugar de encuentro.
Y Amalia, saltando desde su acostumbrado lugar en lo más recóndito del alma, hacia la apertura de un espacio libre de odio, de ego y de la desolación que era característica del otro. Abriéndose paso entre las posibilidades por el simple hecho de ser quien era, sin más explicación.
Nunca supieron que tenían, o de lo que carecían. Simplemente se dedicaron a soñar y a vivir ese sueño por el que tanto habían luchado. En sus lugares solo quedaron las hojarascas de aquel atardecer, cuando por fin, sus almas resonaron al unísono*
*Soul Eater... #UGC
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