septiembre 07, 2024

7 de septiembre

La mano que se deslizaba por debajo de su bufanda era cálida, a pesar del clima frío de aquella mañana. Después de tantas noches de haberlo soñado, por fin llegaba aquel momento en el que su piel se encontraba con aquella mano sin previo aviso.

Las yemas de los dedos comenzaron a explorar y encontrar las grietas causadas por el clima. A pesar de ello, había una suavidad que provocaba mantenerse en aquella zona mientras llegaban a un lugar más cómodo en el que poder explorarse sin las miradas de la gente que pasaba a su lado.

Justo unas cuadras más adelante estaba el café en el que se conocieron. Pensaron en esconderse dentro de él y recorrer nuevamente sus rincones y esquinas ya conocidas, pero redescubriendo todo aquello que lo volvía un lugar tan especial.

La campanilla de la entrada les dio la bienvenida y, aunque había una fila incesante de personas esperando por sus pedidos, les pareció que el lugar era solo de ellos. Se acercaron para compartir la calefacción y la complicidad que se había construido a lo largo del tiempo, y encontraron nuevas formas de demostrarse lo mucho que se querían y se deseaban.

Una vez dentro, la bufanda y el abrigo se volvieron innecesarios, y fue entonces cuando aquella mano bajó hacia su pecho, dejándole sin escapatoria. Algo fuera de ella se había apoderado de la situación por completo.



septiembre 06, 2024

Decepciones

El ciclo de la decepción es uno cuya frecuencia varía, dependiendo de la persona que esté por decepcionarme. Ciertamente no es lo mismo que sea la primera vez que incurre en ello o forme parte de repeticiones acumuladas en un corto lapso de tiempo.

Muchas veces pasa que la gente no se da cuenta de cuánto logran decepcionarme. Y es que me ciño a la posibilidad que existe en infinitos universos de que suceda aquello que deseo. Pero uno tras otro han comenzado a cerrarse esos universos, descartando posibilidades y aumentando mis decepciones.

Lo que no puedo negar es el desgaste que tengo en este ciclo: mientras mi cariño se diluye y se reduce, mi fe también se va en picada, mis buenas intenciones se quedan en solo intenciones, mientras que mi corazón tiene más espacio disponible luego de sacar a aquellos que no quisieron pagar el alquiler para habitar en él.

septiembre 05, 2024

Titilante

Las miles de luces sobre su cabeza le daban esperanza. Entrecerrando los ojos, descubrió una nueva manera de apreciarlas, extendidas, no tan definidas como siempre pero siempre brillantes, titilantes… únicas a pesar de ser tan parecidas.

La invadió una sensación que ya había experimentado antes. Una sensación cálida, suave, como aquella voz que escuchaba en sus recuerdos para cuando necesitaba calmarse.

Quedaba poco tiempo para verlas y por eso quería inmortalizar su recuerdo. Trató de concentrar la mirada para no perderlas de vista y por un momento todas aquellas luces hicieron un pacto para volverse un solo resplandor.

septiembre 04, 2024

04 de septiembre

Un paso más y estaremos perdidos, le dijo Amalia a JC, mientras detenía el paso definitivo. Él no dudó en seguir caminando y ella lo siguió con más temores e incertidumbre que cualquier otra cosa.

El día estaba soleado, hacía buen clima para la caminata que habían decidido hacer. Sin embargo, ese no era un día cualquiera para ambos: Él tomaría una decisión y ella presentía que sería dolorosa. Necesaria, pero dolorosa.

Las señales habían estado ahí todo el tiempo: Su indiferencia selectiva, su filtro alterado de la realidad cuando estaban juntos, sus cambios repentinos de carácter cada vez más frecuentes…

Sin embargo, siempre era más fácil ignorar estas cosas y concentrarse en lo que querían ver: los rostros que se buscaban todo el tiempo, las pláticas y sonrisas cómplices, las miradas profundas y los suspiros intercambiados.

Llegado el momento, Amalia había mencionado lo del paso definitivo y JC había seguido su camino. Estaba claro quién de los dos estaba listo para dar el adiós.

septiembre 03, 2024

La deriva

Hace falta poco, solo un pequeño empujón para arrojarse al vacío (literal o existencial) de mis pensamientos.

A veces el magnetismo que me genera el riesgo innecesario es abusivo. Es difícil ignorar el llamado de mi naturaleza, a veces ingenua, a veces maliciosa.

Veo hacia abajo, tratando de encontrar el fondo sin tener éxito. Pero luego veo hacia arriba y me doy cuenta que se trata de una ilusión óptica: estoy en el fondo, sin saber muy bien cómo salir de ahí.

Tiendo a querer ser poética y sensible, quizá un poco delicada para decir todo lo que quiero y necesito. Cuando lo que deseo es algo diferente, algo más sencillo, menos rebuscado y más real. Más como esa mano que me sujeta desde hace semanas a pesar de haberse ido lejos. 



septiembre 02, 2024

02 de septiembre

Amalia reposaba con los pies colgando de aquel sillón en el que alcanzó a recostarse después de un día demasiado largo. Los calambres la invadían desde el cuello hasta las piernas, haciendo que cada movimiento tuviese que ser meditado, so pena de incrementar el dolor físico.

Había pensado y caminado mucho ese día. Tuvo sentimientos encontrados sobre el rumbo de su vida, las cosas que deseaba hacer y las que nunca más quería volver a enfrentar, pese a los aprendizajes que le habían dejado. 

Mientras caminaba hacia la ducha, su corazón comenzó a latir con más fuerza. Había algo en lo que había puesto particular atención durante su jornada: algo como un amuleto en los momentos de tristeza, estrés y desesperación tan recurrentes como espontáneos… Y entonces, abrió la ducha para dejar que todo aquello se fuese junto al agua fría que le permitiría dormir mejor.

PD: A petición de mi único lector, que me pidió salvar mi racha de escritura. Te quiero 🫰🏼

septiembre 01, 2024

1 de septiembre

A veces me niego a entenderme (lo cual puede sonar irónico, pero no lo es tanto).

Y es que entenderme implica sincerarme conmigo misma (y a veces eso implica enfrentarme a mis mayores temores, esos que guardo bajo la almohada).

Guardo muchos, quizá demasiados temores. La gran mayoría quizá nunca vayan a manifestarse (pero siguen ahí para recordarme todo lo que podría salir mal).

Todos los escenarios catastróficos que se alojan en mi cabeza son dignos de una recopilación psiquiátrica (muchos se han formado en los últimos años de mi vida a raíz de lo que algunos llaman “crecer”).

Y sin embargo, mientras más crezco, más me percato de que a veces la capacidad de entenderme es inversamente proporcional a la sinceridad conmigo misma. Que probablemente optaré por seguirme mintiendo con la esperanza de un día, entenderme mejor.