julio 06, 2024

6 de julio

Conocer lo agridulce de serte fiel a vos misma no te hace inmune a la sensación y a los sentimientos que vienen luego de atreverte a serlo.

Y aunque conocerlo no reduce el dolor, si te ayuda a reconocerte nuevamente como un ser humano que necesita canalizar esas emociones y expresarlas de alguna forma. Sobre todo cuando sentís con una intensidad que pocos comprenden. 

Es en esos momentos en los que trato (porque a veces no lo logro) de recordar que todos mis sentimientos por desubicados que parezcan, son válidos. Que son mías las facetas hermosas y las sombras de esos sentimientos y que, aunque fuera de mí las cosas sean de otra manera, esos sentimientos me pertenecen y van a quedarse conmigo aún y cuando todo lo que ahora me agobia, pase. O cambie.

Aunque lo que hoy sienta y me haya hecho escribir esto no vaya a moverse ni un ápice. 

Y también es en estos momentos en los que recuerdo que estoy viva. Que aunque a veces sea un zombie sin rumbo, hay oleadas que te revuelcan para recordarte que estar vivo también es doler.

julio 05, 2024

5 de julio

Mi mente suele empeñarse en temas sin sentido.

No es antojadizo. Al menos no conscientemente. Soy la principal abogada de las causas perdidas.

Dicen que es porque soy Aries. Yo creo que solo se debe a que soy una humana en busca de muchas respuestas a preguntas “trascendentales”.

Me confundo fácilmente. Soy medio ciega en lo que respecta a los propios sentimientos y 100% sorda ante los consejos que me dan para no arrojarme hacia el abismo. 

Tengo temporadas, como las frutas, en las que aparento madurez. Y otras en las que me dejo caer de las ramas más altas para ver si así despierto cuando sueño con los ojos abiertos.

No es que sea malo soñar. Es solo que luego no sé qué hacer con esos sueños ni dónde almacenarlos. Porque a veces solo se puede hacer eso: Soñar lo que luego no puede conservarse.

No es una indirecta, lo prometo. Es solo que tenía ganas de llorar y mejor me puse a escribir.

julio 04, 2024

4 de julio

Dejando de lado lo patriótico en otras tierras, este fue un día común. Sin novedades en el frente de mi última batalla (que doy por perdida desde hace días).

La jornada transcurrió sin mayores sobresaltos. Solo los que causa el torrente detenido de emociones que se acumula en mis mejillas.

Suavizo los días con la esperanza que, conforme pasen las horas, la (mi) situación cambie (aunque sé que no va a pasar).

Corrijo: Si existe una novedad. Está resumida en dos minutos y diez segundos de audio que traté de grabar sin interferencias de por medio (spoiler alert: Fallé).

La novedad no ha sido revelada. Creo que no será hoy y tampoco mañana, a pesar que hoy estuve a punto de hacerlo. La motivación: Saber que no será en el último día, cuando todo esté perdido.


julio 03, 2024

3 de julio

Armada hasta los dientes, Amalia pensó en prepararse para lo peor. Hacía mucho tiempo atrás en que no se encontraba en este escenario.

Pensaba que era una etapa superada que había quedado atrás luego de muchas preguntas y una gran cantidad de batallas. Pero se equivocaba.

Mientras esperaba la jugada final de su oponente, visualizó todas las posibles salidas a esta situación: Era vencer o morir, claudicar o dar guerra hasta el último momento “como gato panza arriba”, pensaba, citando a su padre (caído en batalla hacía unos años).

Dio un paso al frente. Fuera cual fuera el resultado, estaba dispuesta a asumirlo como todo en su vida y seguir avanzando a cualquier costo.

Entonces (solo entonces), se dio cuenta que había olvidado las lecciones de sus batallas anteriores, el olor, el sabor, las sensaciones de ellas. Igual y eran inservibles.

Esta era una batalla vital, nueva respecto al resto porque el enemigo estaba dentro de ella (en su mente y en su corazón), y porque sin darse cuenta dejó entrar al batallón que empezó a dar de baja todas sus defensas y armaduras. 

Vio los ojos de su enemigo en el espejo. Ardían.

Era un 3 de julio.

julio 02, 2024

2 de julio

No soy ni ejemplo, ni modelo a seguir.
Solo humana.

Con arcos y baches en mi historia (la versión completa y la censurada).
Real.

Con cientos de dudas, cuestionando lo que aprendí hasta hoy y lo que aprenderé mañana.
Imperfecta.

Con matices y algunos extremos que no son del todo extremos.
Con miedos y a veces más impulsos que ideas meditadas.
Con el agua al cuello y al borde del abismo.
Aprendiz de equilibrista. A veces un poco de terrorismo emocional.

A punto de desbordarse la presa.

Ya no se puede parar.

mayo 25, 2024

Orugas

Feas, en principio. Supongo que eso explica el nombre medio grotesco que las identifica.

Nunca he sido fan de los insectos. Ni de los reptiles, ni de los roedores. Mi mente no se hace a la idea de que deba convivir con ellos.

Y sin embargo, qué necesarias son las orugas.

Desde hace semanas resuena en mi cabeza esa canción tan popular de Sebastián Yatra por la película "Encanto". Quizá es porque en alguno de tantos horóscopos leí que 2024 era año de cambios para los Aries (lo normal, pues).

Estar escuchando seguido esta canción me ha recordado algunas cosas:

-Que el cambio, al menos ese permanente, se trabaja. No pasa por generación espontánea (#pasteurización). Siempre, como dijo mi yo del pasado, hay un primer paso.

-Que aunque nos neguemos a dar ese primer paso, las circunstancias si que van a cambiar. El mundo va a cambiar y la clave está en mi respuesta a esos cambios: ¿Me adapto/estanco? ¿Me atrevo a cambiar con él?

-Que a veces, hay que volar. O aventarse y aprender a volar en el camino.

-Y que el cambio, casi siempre, es crecimiento (con todo y miedo).


PD: Esta es una de esas entradas gallo/gallina que ya tenía ratos guardada porque debía ser publicada en mi período de transición de oruga a mariposa. O sea, la parte donde ya vemos la luz. O el milagro, como canta Sebastián.


febrero 08, 2024

Galaxia

 Amalia colocó el título pensando en aquel quinteto de estrellas que, de acuerdo con sus dudosos recuerdos, se desplazaban hacia el sur, mostrándole titilantes el camino a seguir.

Pensó en las otras dos constelaciones (una a cada lado) en las que se perdió tratando de encontrar un sentido a la organización de los cuerpos celestes que la componían. Recordó que ya con anterioridad, había leído sobre los asteroides y su peculiar sentido para quienes los habitaran. 

Era curioso: Jamás había sido una persona particularmente interesada en la astronomía. Si gustaba de ver estrellas era por el hecho de esperar aquellas fugaces para empujar los deseos que albergaba con toda la fuerza de su ser.

Pensó de nuevo en el conjunto de estrellas. En cómo aparecieron de la nada y sin embargo, se hacían tan familiares para volver a casa. Tomando un sorbo de café, se dispuso a dibujarlas para no olvidarlas.

Pero cuando volvió la vista al cielo, no logró encontrarlas. Parecían haberse desplazado para guiar a otro viajero.

Se dijo entonces a sí misma que debía dejar de tomar café por las noches y guardó la libreta una vez más. La esperaban en la puerta.